lunes, 14 de mayo de 2012

Monas en La Cornudilla

No era únicamente un pueblo. Para los de Los Ruices era, y es, un lugar para ir a tomar la mona en la pascua. Chavales y chavalas (voy a mencionarlas porque si no, dada la moda del momento, léase tipo valencianos y valencianas, vascos y vascas, puedo tener problemas) íbamos allí a pasar los días de las monas. Era extraordinario correr por las terrazas que los agricultores habían ido construyendo con el fin de poner tierras en cultivo. Entonces estaban abandonadas y ya las utilizábamos para solaz nuestro.
El remanso de la rambla sobre la roca era un aspecto muy atractivo. Siento no poseer ninguna foto de aquella época; porque hoy la rambla está casi seca y la roca apenas recupera el agua que en otro tiempo la hizo poseer un encanto natural.
Subíamos a La Cornudilla por el camino o bien por la misma rambla. Por esta última el recorrido tenían un atractivo añadido; se iba por el barranco construido por tantos años de riadas y paso del agua. Saltábamos el pequeño curso de agua aquí y allá entre ranas y mosquitos. Una especie de sentimiento selvático, como si estuviéramos atravesando la selva birmana. Aunque luego te enteras de que Raoul Wals va y filma el famoso "Objetivo Birmania", en Central Park.
Recuerdo una riada hace años. ´Cortó la carretera al saltar el puente en la Rambla de los Calabachos. Pero mis recuerdos de la riada a su paso por la Cooperativa son más lejanos. Quizás ya no hay riadas como aquellas. O quizás la tenemos a la vuelta de la esquina y aún falta que nos salpique. ¿Quién sabe?
Los Ruices, 14 de mayo 2012

martes, 8 de mayo de 2012

El "no sé qué" de la historia: La Cornudilla

Una casa hecha de piedra. pero piedra de río, o mejor dicho, de la rambla que pasa al lado. De este material está hecha la Casa del Ruido, justo a la entrada de la aldea de La Cornudilla. Le da sombra una carrasca. ¿Será por su solidez que lleva años desafiando al tiempo, al abandono y a los accidentes meteorológicos? ¿Será el fantasma que la habita el responsable de esta solidez?
La Cornudilla es merecedora de una historia, porque tiene una larga historia. Tuvo una vida pletórica hasta la inmisericorde postguerra. Sus habitantes comenzaron la desbandada hacia 1950. Contribuyeron a poblar Los Ruices, aunque a los herederos de los habitadores de la famosa casa hay que ir a buscarlos a venta del Moro; ¿les pareció que Los Ruices, o Los Marcos, estaban demasiado cerca? La gente que vivió generación tras generación en la casa no parece que albergara miedo.
Hoy es un despoblado. Algunos dicen captar voces del más allá. No he pasado una noche en la casa. ¿Un despoblado habitado por viejos fantasmas? Los despoblados iluminan, no oscurecen. Iluminan la parte oscura de los móviles del poblamiento humano. Nos enseñan que el mundo no ha sido siempre así; conviene recordarlo hoy, que nos encontramos al final de un ciclo de nuestra civilización. ¿Es este el futuro de nuestras aldeas? ¿Es este nuestro futuro: quedar como testimonio fantasmal ante las generaciones futuras?
Los Ruices, 8 mayo 2012

lunes, 7 de mayo de 2012

Ilusionismo

Titular de El País de esta mañana: Hollande impulsa otra Europa. Los seres humanos vivimos de ilusiones, y cuando no las tenemos es que estamos bajo tierra o reducidos a cenizas, es decir, nos hemos ido a La Cañá, como se dice en Los Ruices.
Vayamos por partes . Hollande es un individuo del socialismo francés, bien trajeado él, amante de la buena mesa y dice querer impulsar el crecimiento. Como todos entendemos ahora mucho de economía ésto me excusa de definir crecimiento, palabrota harto compleja para mí. Pero Hollande se las verá con la ingente deuda francesa y con el propio sistema. Las agencias de calificación están por ahí descuartizando países y esperan que Francia se sirva en el próximo banquete.
El verbo impulsa implica una potencia considerable para realizar tal actividad. ¿La posee la Francia del nuevo señor del Elíseo? Francia lleva años convaleciente de un modelo de Estado que está haciendo aguas. Los tiempos gloriosos de De Gaulle pasaron a la historia.
Otra designa algo diferente, algo que por distinto puede resultar apetecible o quizás no.  Como el que prefiere el pastel de nata al de chocolate. Pero ¿qué ocurriría si lo otro resultara igualmente aborrecible? Entonces lo otro ya no puede ser deseado, por resultar pernicioso y nada suculento. El problema aquí es que otra va unida al nombre Europa. Aquí hemos topado con la Iglesia, en palabra de nuestro entrañable Sancho.
Y ¿qué es Europa? Hoy un mundo de mercaderes, que a los ciudadanos europeos nos deja comprar libremente. Esto es Europa. Alguien añadirá que es también el Erasmus, el Comenius, y otras cosas; pero básicamente es un ente mercantil. Nuestros políticos han trabajado durante décadas intentando convencernos de que Europa era nuestra salvación, el paraíso terrenal, la bula clave de nuestra felicidad y sin pasar por el Purgatorio. Pero Europa es también un instrumento, pero de unos pocos: multinacionales, grupos económicos de presión, agencias internacionales, etc. Sabemos que los agricultores de nuestra tierra nada tienen que hacer con esta Europa; y si hay alguna duda podemos preguntárselo a los olivareros andaluces, quienes andarán contentos con el nuvo tratado comercial que la Unión ha firmado con Marruecos.
La UE es también aquella que quiso realizar una Constitución europea. Repasemos la nuestra de 1978 y comparémosla con la de la UE. La europea consagra los principios del neoliberalismo más inmisericorde. Los franceses la rechazaron en las urnas. Dió lo mismo, nos la metieron por otro lado, con los mismos principio, en el Tratado de Lisboa.
Francia ha elegido a Hollande para pagar sus deudas y conseguir algo de empleo. El problema es que Francia no sólo tiene deudas económicas, sino una enorme hipoteca neoliberal que se llama Tratado de Lisboa. Más o menos lo mismo que tenemos nosotros.
Los Ruices, 7 mayo 2012

miércoles, 2 de mayo de 2012

Fatalismo

Existe una contradicción fundamental entre naturaleza y hombre. Es una contradicción eterna, que viene de lejos. las viñas acaban de romper sus yemas; está comenzando el esplendor. La naturaleza se renueva y prosigue su singladura al margen de las cosas humanas. En unas semanas el campo, las tierras reverdecerán extraordinarias. Los hombres, entretanto, sumidos en un pesimismo fatalista. Pocas ilusiones para casi todo. Esto es lo que se percibe en el pueblo.
No es para menos. Realmente las cosas no van bien. El vino se ha vendido mejor que el año pasado. Pero la gente barrunta que puede durar poco la alegría. Es el contagio del ambiente pesimista, casi suicida, que no rodea a todos. Se desconfía de todo y de todos. Hay pocas certezas. Quizás la única la que nos ata a nuestras raíces. Por eso llevamos a la Virgen sobre nuestros hombros. ¿Hombres de fe? Donde hubo algo siempre queda algo. Monaguillo en otro tiempo y durante mucho trecho, algo sobrevive de aquellas mañanas de domingo cuidando la misa y la vieja ermita, hoy sepultada en el olvido por la mastodóntica que tenemos en el centro del pueblo. No es fe, o al menos no con la claridad que otra gente, en otro tiempo tal vez, tuvo; es ansia por preservar una raíz histórica, humana y cultural. Una necesidad por subrayar los principios de una identidad, un deseo de vuelta a los orígenes.
No sé si el pesimismo conduce a una vuelta de las creencias. tal vez, algo de esto exista. Pero son movimientos perpetrados en la oscuridad de los sentimientos de una sociedad. Difíciles, en consecuencia, de definir. Habrá de pasar algún tiempo antes de que podamos pronunciarnos. No obstante, no faltan hombros para transportar a la Virgen.
Los Ruices, a 2 de mayo de 2012

Fiestas 2012

Con una ilusión antropológica y cultural, en las fiestas de 2012.


Mi tierra, raíces. Contacto con la naturaleza, el mundo perdido por la vida urbana.



sábado, 28 de abril de 2012

Marnchón

Eran tiempos duros. Los años 20 y 30. Se vivía sometido a unos pocos; se vivía con poco y se vivía poco. me refiero a que Los Ruices, como tantos otros sitios, vivían sometidos a la voluntad del terrateniente, a los jornales que se derramaban de su finca. Pero la pobreza, la miseria atrapaba a las familias de la aldea. la enfermedad era asunto tan cotidiano... Familias que se arruinaban para pagar a un médico que curase o atendiese a uno de sus miembros. No había piedad para los pobres.
Francisco García Maranchón era mi bisabuelo. Desconozco si tenía lejanas raíces en el pueblo homónimo del segundo apellido, que está en Guadalajara. Pero enfermó, y necesitó asistencia. Sus dos hijos solicitaron cama en el Hospital General de Valencia en una notita estremecedora que dice en su parte inferior: "Es pobre".
El gobierno de Fabra privatiza la sanidad. Seguramente no porque sea más rentable para la sociedad, sino porque las contratas son más rentables, al pagar menos a sus médicos y personal en general. Espero que la situación de mi bisabuelo Maranchón no vuelva.

martes, 17 de abril de 2012

Paseo por la Semana Santa y Torrutiel


Un paseo por la Semana Santa y el cronista judío Salomoh ben Torrutiel.

Durante los días de Semana Santa hemos asistido a auténticos espectáculos de fervor religioso y de vistosidad. Las procesiones religiosas son antiquísimas, tanto como hoy tiene de espectáculo atractivo para la gente y colorista para los turistas que nos visitan. En tiempos de descreimiento como los nuestros, es dudoso que muchos de los que asisten a las procesiones sean fervorosos creyentes.

         Si el Concilio de Trento (se celebró durante la segunda mitad del siglo XVI) estimuló cuanto pudo la procesión de los santos, con vistas a reforzar el fervor de los fieles al Catolicismo y conjurar cualquier tentación de herejía; los hombres cultos del racionalista siglo XVIII no vieron con buenos ojos unas manifestaciones tan sonoras y poco íntimas de religiosidad; pero no pudieron con las procesiones de la Semana Santa. Los tiempos actuales, tan recios, quizás tienen también como derivación un estímulo de la creencia a través del procesionalismo. No lo sé; pero como vivimos en medio de una potente transformación social, el vértigo y la inseguridad que nos crean estos problemas, quizás nos conducen a volver a las viejas seguridades de nuestros antepasados.

         En el pasado medieval, la Pascua estaba marcada no sólo por el rito de las procesiones, sino también por el ejercicio de la violencia contra las minorías, en particular contra los judíos. Los judíos que eran vistos por cristianos eran asesinados; las juderías eran apedreadas; los muros, derribados. En el fondo existían una serie de estereotipos que se rememoraban cada Semana Santa: al fin y al cabo, Cristo había sido llevado a la cruz por los judíos; ellos eran los responsables de la muerte del Salvador. Luego venían otra serie de acusaciones inventadas, claro está: envenenar los manantiales, sacrificar a niños cristianos, etc.

         En 1492, Abraham ben Salomoh de Torrutiel sale para el exilio y empieza a escribir un libro en el norte de África que termina en 1510. Se trata del Sefer ha-Qabbalah, que recoge la tradición judía. Torrutiel entiende las relaciones entre cristianos y judíos de un modo diferente, por más que no desconozca y recuerde los momentos de violencia sangrienta de los creyentes cristianos sobre su comunidad minoritaria.

         Pero Torrutiel es capaz de desarrollar un breve discurso integracionista de las dos comunidades, uniéndolas casi en una sola. Como si las dos se necesitasen. Torrutiel empieza un capítulo sobre las vicisitudes que sufren los judíos hispánicos relatando el deseo de Fernando I de trasladar los restos de san Isidoro desde Sevilla a León en el siglo XI, y además utiliza el relato sobre las intenciones del rey para relatar una leyenda sobre la destrucción de Jerusalén.
         Según Torrutiel, el padre de san Isidoro acompañó al emperador romano Tito a Jerusalén en representación del rey de Sevilla. A lo largo del saqueo y destrucción de la ciudad, el padre de san Isidoro descubrió a un viejo que estaba leyendo en su casa. Al entablar conversación con él, el viejo le dijo que él mismo había previsto hacía mucho tiempo la destrucción de la ciudad, por lo que había llenado su casa de libros importantes para salvarlos de la destrucción.

         Maravillado por tanta sabiduría, el padre del santo se lleva al viejo a Sevilla para que eduque a su hijo. En otras palabras, para Abraham Torrutiel la erudición y el profetismo judío educan a uno de los fundadores de la cultura cristiana; san Isidoro. Cristianos y judíos son dotados así de una base histórica común, para reconocer la escasez de sus diferencias. A la vista está que los inquisidores que funcionaron en España desde el decreto de 1478 no pensaron así. Que se lo digan si no al archicriminal Lucero, que masacró a los sevillanos, o al no menos deleznable Antonio del Corro que sembró el terror en la Cuenca de los años 1510.

         El comentario de Torrutiel era evidentemente algo marcadamente minoritario, porque  la voluntad de los Reyes Católicos había impuesto una única salida para los judíos: conversión o exilio. La familia de Abraham optó por el exilio, una medida radical que rompía con una tradición milenaria. Las acciones antijudaicas de la Semana Santa golpeaban y mataban, incluso a veces no acababan en derramamiento de sangre, pero expresaban la posición en la que se encontraba el judaísmo hispánico frente a la mayoría cristiana. La voluntad integracionista de Torrutiel  era loable pero inútil. La ausencia de judaísmo oficial en España a partir del siglo XVI canalizó  la evolución de la Semana Santa hacia la confesionalización profunda de la sociedad, en una rememoración permanente de la muerte y resurrección de Jesús.

         En nuestros días, los telediarios y las cadenas, incluso las que hacen profesión de fe izquierdista y laica, se recrean en los avatares de la Semana Santa, de las cofradía y los costaleros, del tiempo para ver si favorecerá la salida o no de los pasos. Y ofreciendo datos sobre ocupación hotelera y evolución de los negocios. ¿Un nuevo renacimiento del culto cristiano en su vertiente más tradicional?
Los Ruices, 15 de abril de 2012